lunes, 22 de enero de 2018

VARIAS PREGUNTAS Y UN ENIGMA


El relato que me dispongo a contar tiene como uno de sus personajes principales al escritor Jules Verne, un hombre muy singular que generaba gran expectación. Un auténtico aventurero con fama de visionario. En sus círculos afirmaban que poseía la curiosa habilidad de adelantarse a su época, escribiendo novelas en las que aparecían sorprendentes ingenios todavía sin inventar e hitos históricos que el ser humano ni siquiera estaba preparado para imaginar como realizables. Así, Verne escribió una historia sobre un viaje a la Luna que se iniciaba en Florida. La obra se tituló De la Tierra a la Luna, publicada en 1865. Ciento tres años después, el Apolo VIII envió la primera expedición a la Luna, que partió precisamente desde el mismo lugar que había elegido Verne: Florida. Pero esa no fue la única vez que el afamado novelista consiguió anticiparse a su época. Lo hizo también en otras ocasiones, como cuando diseñó el impresionante Nautilus, el submarino capaz de mantener se de forma indefinida debajo del agua y de cruzar el casquete polar avanzando por debajo del hielo sin inmutarse, como una prodigiosa ballena metálica. A bordo del Nautilus, el capitán Nemo emprendió las 20.000 Leguas de Viaje Submarino.

Verne empezó a escribir esa obra en 1866. Tendría que pasar casi un siglo para que se construyese el primer submarino autosuficiente, gracias a la tecnología atómica. De esta forma fue ganando prestigio y fama de profeta. Como si tuviese el don de la adivinación. Pero todo aquello poco tenía que ver con la magia. Lo cierto era que este extravagante novelista vivía en la época de los inventos y del progreso técnico y, a fuerza de viajar e investigar, se mantenía al día de los adelantos científicos de Occidente. Jules Verne era un hombre culto entregado a la literatura, a la ciencia y la tecnología.

Curiosamente, la ría de Vigo aparecía en su novela 20.000 Leguas de Viaje Submarino. Pero en el momento de escribirla, él aún no había visitado la ciudad. Siendo esto así, ¿por qué motivo escogió el autor precisamente ese lugar como uno de los escenarios de la popular novela? Tuvieron que pasar todavía varios años para que visitase la ciudad gallega por primera vez. Sucedió en junio de 1878 y la versión oficial de la llegada del novelista fue atribuida a una tormenta que les obligó a guarecerse en el puerto de Vigo. En esa visita, el Saint Michel había partido desde Nantes con destino al Mediterráneo.

Aquella travesía iniciada en el año 1878 era la primera que Jules realizaba a bordo del Saint Michel III. Se trataba de un barco híbrido. Por un lado funcionaba como barco a vapor. Pero aquella embarcación de hierro de 38 toneladas y majestuoso velamen. La llegada del Saint Michel aquel mes de junio de 1878 creó gran expectación. La alta sociedad viguesa lo recibió con el entusiasmo que correspondía a un escritor de fama mundial como él. En aquella época Vigo era un punto neurálgico. Cinco años antes, la Eastern Telegraph Company se había instalado allí tendiendo el primer cable telegráfico submarino. De ese modo la ciudad se convertía en una ventana abierta, siendo el lugar que facilitaba la comunicación entre el continente europeo y el resto del mundo. Bajo el mar, el llamado Cable Inglés conectaba Vigo con Gran Bretaña y con Portugal, desde donde partían otros cables hacia otros lugares del mundo. Gracias al Cable Inglés, fue como se creó una importante comunidad formada por los empleados de la compañía británica, que acercaron a la sociedad viguesa sus costumbres, sus deportes y sus bebidas a lo largo de varios años. En Vigo se fundía la cultura gallega con la inglesa y llegaban antes que a ningún otro punto de la península el tenis, el fútbol, la cerveza… Era un hervidero, una olla en continua ebullición.

El día 5 de junio de 1878, el Saint Michel III, capitaneado por Jules Verne, atracaba en Lisboa, desde donde seguiría su travesía. Pero esta historia no empieza ahí. Esta historia empieza seis años más tarde, el 21 de mayo de 1884, cuando el Saint Michel arribó nuevamente en Vigo, debido a una avería en la caldera.

Esta vez, Jules Verne recaló en la ciudad rodeado de un halo de misterio, sin que nadie supiese de su llegada. Su imponente barco, igual que en la primera visita, había iniciado su viaje en Nantes con destino al Mediterráneo. Siguiendo la línea de la costa atlántica avanzaba rumbo al sur, hasta que una avería en los tubos de la caldera trastocó los planes del capitán y del resto de la tripulación, que se vieron obligados a atracar en el puerto de Vigo. Esa fue la versión oficial. Todo el mundo dio por sentado que, efectivamente, la casualidad era la responsable de que Verne visitase de nuevo la ciudad. Ahora, ciento treinta años después, me pregunto cómo es posible que nadie hubiese profundizado en esta cuestión. Que nadie plantease la duda. Que nadie se hubiese detenido unos minutos a pensar en que las casualidades no existen. Y menos, una de semejante calado.

Una vez que hemos llegado a este punto, es el momento  de recapitular: Jules Verne escribe 20.000 Leguas de Viaje Submarino en el año 1866, novela en donde aparece un submarino, artefacto absolutamente revolucionario en aquella época. El primer sumergible eléctrico tardaría aún veintidós años más en ser construido, y el primer sumergible autosuficiente no llegaría hasta casi un siglo más tarde. En esta obra, el escritor elige la ría de Vigo como uno de sus escenarios, lugar en el que jamás había estado. No será hasta el año 1878 cuando Verne visite Vigo y lo hará, según la versión oficial, por pura coincidencia, debido a una tormenta que lo obliga a recalar en esta bahía. Seis años después, el novelista volverá a esta misma ciudad, esta vez debido a una avería en el yate. Jules Verne tendrá la oportunidad de pasear por las calles viguesas, de contemplar con asombro esa misma ría que había descrito en su obra, de mezclarse con los gallegos e ingleses que hacían de este lugar un conjunto exótico en pleno desarrollo industrial. Y todo eso fue atribuido a una mera coincidencia.

Pero, a pesar de lo que cuenta la historia, las cosas no sucedieron así. Yo conozco la verdadera razón que trajo a Jules Verne a Vigo. Y también el motivo por el cual él ideó la manera de hacer que todo pareciese una coincidencia, argumento que nadie osó cuestionar a lo largo de más de un siglo. Más de ciento treinta años de silencio, en los que no hubo ninguna persona que se atreviese a desvelar el inquietante y maravilloso secreto que oculta la ciudad de Vigo y que atrajo al excéntrico novelista, que no descansó hasta corroborar que sus sospechas eran ciertas.

Ledicia Costas, Verne y la Vida Secreta de las Mujeres Planta

PREMIO LAZARILLO DE CREACIÓN LITERARIA 2015