viernes, 20 de noviembre de 2015

DEL BUEN AMOR

               
 Seguimos en clase con la Edad Media en clase. Hoy toca el turno a Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, y de él aún me sigo preguntando qué quería decir con buen amor.

                Algo parecido a esto os podría caer en el examen del próximo día: como quiere ligar el arcipreste con su inseguridad y sus miedos, pero aun así sigue adelante.

Advertencia: la versión cantada que tenís abajo con Javier Bergía difiere un poco del original, pero vale la pena.

                Suerte

AQUÍ DIZE DE CÓMO FUÉ FABLAR CON DOÑA ENDRINA EL ARZIPRESTE

¡Ay, cuán fermosa viene doña Endrina por la plaza!
¡Qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!
¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buenandanza!
Con saetas de amor fiere, cuando los sus ojos alza.

Pero tal lugar non era para fablar de amores:
a mí luego me vinieron muchos miedos y temblores,
los mis pies y las mis manos non eran de sí, señores:
perdí seso, perdí fuerza, mudáronse mis colores.

Unas palabras tenía pensadas a ella decir;
el miedo de las compañias me fazen al departir.
Apenas me conoszía nin sabía por do yr,
con mi voluntat mis dichos non se podían seguir.

Fablar con muger en plaza es cosa muy descubierta:
a veces mal atado el perro tras la puerta.
Bueno es jugar fermoso, echar alguna cobierta:
ado es lugar seguro, es bien fablar, cosa cierta.

Baxé más la palabra, díxe en juego fablaba.
Porque toda aquella gente de la plaza nos miraba;
desde vi que eran idos, que ome y non fincava,
comenze dezir mi quexa del amor, que m' afyncava.

"Con la grant pena que paso, vengo vos desir mi quexa:
vuestro amor y deseo, que me afinca y me aquexa,
non me tira, non me parte, non me suelta, non me dexa:
tanto me da la muerte, quanto más se me alexa.