lunes, 7 de marzo de 2016

LA ISLA DE BOWEN

Envíado por Ángela (B1C)

Europa 1920.

Todo comenzó con el asesinato del marinero inglés Jeremiah Perkins en Havoysund, un pequeño puerto noruego situado en el Ártico, y con el misterioso paquete que, antes de morir, Perkins envió a Lady Elisabeth Faraday.

O quizá la historia empezara antes, cuando se descubrieron unas extrañas reliquias en el interior de una viejísima cripta medieval, pues fue precisamente una de esas reliquias imposibles la causa de que el malhumorado profesor Ulises Zarco, director de la sociedad geográfica SIGMA, se embarcara en una aventura inimaginable a bordo del Saint Michel.

Tanto Zarco como su ayudante, Adrián Cairo, han recorrido el mundo enfrentándose a toda clase de peligros, igual que el capitán Verne y su tripulación, o el joven fotógrafo Samuel Durango, e incluso las dos damas inglesas que les han solicitado ayuda; pero ninguno de ellos estaba preparado para afrontar el temible misterio que envuelve a la isla de Bowen, más allá del Círculo Polar Ártico.

                Esta novela de César Mallorquí me ha sorprendido gratamente, ya que la aventura no es un género literario que me llame la atención de forma especial.

                Lo que más me ha gustado es su final. Me parece un modo inteligente de concluir la obra recurrir a la existencia de la “mente”, que pueda explicar los extraños sucesos con los que se encuntran los protagonistas a lo largo de su aventura (el titanio puro, el elemento nº 72 aún no descubierto en ese momento, los autómatas, el Edderkoppe Gud, un campo electromagnético como arma de defensa, etc…)

                Del mismo modo me encanta el hecho que la mente capture a Kathy y a Sam para averiguar si son inteligentes. Ademas, me parece elegante la manera de resolver todo el conflicto mediante una partida de ajedrez (la variante Battambang). Es sorprendente que con algo tan simple y complejo a la vez como el juego de ajedrez se pueda escribir cualquier desenlace literario. Asímismo, me parece una oportunidad idónea para que Sam recobre el protagonismo, pues es en el desarrollo de la novela se nos ha ido mostrando como un personaje ausente, que no tiene voz.

                Otro aspecto que me ha llamado la atención es el sentido ético de la mente sintética al advertir a los dos jovenes de la próxima erupción volcánica, reconociendo con ello la inteligencia de estos dos bipedos y salvándolos. Con ello, el mensaje irónico-onírico que la mente envia hacia el espacio: “En el tercer planeta de este sistema solar hay tigres”. Lo hace antes de llegar a Marte, realizando un pequeño homenaje a Kubrik y su 2001: Una Odisea del Espacio, al  que habría añadir los homenajes a lo largo de toda la novela, como reconoce al final del libro,  a Julio Verne, H G Wells o Conan Doyle.

PREMIO EDEBÉ DE LITERATURA JUVENIL 2012
PREMIO NACIONAL DE LITERATURA JUVENIL 2013
PREMIO CERVANTES CHICO 2015