jueves, 3 de marzo de 2016

EL QUIJOTE EN VERSO


En un lugar de la Mancha
vivió una vez cierto hidalgo,
amigo de madrugar
y a leer aficionado.
No conforme con el mundo
que le había deparado
la fortuna, dio en pensar
que podría mejorarlo.
Y, hallando en sus viejos libros
el modelo imaginado,
pensó hacerse caballero
como en los tiempos pasados.
Y aunque a la sazón tenía
no menos de cincuenta años,
limpió una vieja armadura
-que alguien llevó batallando
en alguna de las guerras
de nuestros antepasados-,
hizo una celada rústica,
y de este arte pertrechado,
con una herrumbrosa lanza`,
un escuálido caballo
y una dama imaginaria,
salió a buscar por los campos
desventuras o aventuras,
que eso no está averiguado.
Vino a dar en una venta,
donde un ventero bellaco
fingió armarle caballero,
pero lo hizo por escarnio.
Salió el hombre de la venta
«tan contento, tan gallardo,
que el gozo le reventaba
por las cinchas del caballo».
Quiso el azar o el destino
que encontró al cabo de rato
un labrador que azotaba
con su pretina a un muchacho.
Y, viendo que allí venía
su oficio pintiparado
de reparar la injusticia,
socorrer al desgraciado
y remediar los abusos
del poderoso arbitrario,
libró al «delicado infante»
del látigo despiadado
(aunque, en cuanto dio la vuelta
volvió a azotarlo el villano).
Por proclamar la belleza
ante burlones prosaicos,
fue apaleado por unos
mercaderes toledanos.
Mas no se arredró por eso;
que, a su casa trasladado,
salió por segunda vez
algo mejor equipado.

Emilio Pascual, Días de Reyes Magos

PREMIO NACIONAL LITERATURA JUVENIL 2000