lunes, 10 de noviembre de 2014

PUPILA DE AGUILA

Enviado por Mar

Martina es una joven que, nacida en un pueblo de Santander, vive en Madrid por exigencias de su formación académica. Un día, la muchacha se ve sometida a una leve intervención quirúrgica. En el hospital en que la intervienen conoce a Igor, un joven de su misma edad, lleno de problemas. El muchacho ha intenta resolverlos por medio del suicidio. La visión de Igor en un estado aparentemente comatoso produce en Martina una terrible impresión. Y es que, además del hecho en sí, esto le recuerda una tragedia sufrida en carne propia: la muerte de su hermano Toni, a quien adoraba, en un misterioso accidente ocurrido en Madrid. Poco a poco va naciendo una profunda amistad entre Martina e Igor que luego se transforma en un amor juvenil, donde la necesidad del otro tiene imperativos de encuentro por encima de todas las dificultades. Más tarde, Martina se impone el deber de averiguar que sucedió realmente con su hermano, bajo qué circunstancias murió y en qué ambiente se desenvolvía. Finalmente descubre la verdad y la joven tiene que enfrentarse ante la cruda realidad de los caminos de la delincuencia que había seguido su hermano Toni y que le costaron la vida. Al terminar el curso escolar regresa, un tanto desencantada, a su pueblito de la montaña. Parece ser que sus lazos con Igor se han roto para siempre. El reencuentro es prácticamente imposible. El único dato que Igor conoce de la aldea donde Martina está pasando el verano con su familia es que está cerca de un pueblo que huele a galletas. Sin embargo, este hecho no amilana al enamorado, quien comienza una peregrinación para encontrarla. Con aquella información elemental y el fuego que ha puesto en su interior Igor empieza a andar el camino del encuentro consigo mismo y la razón de su regeneración.

En la investigación llevada a cabo por Martina para conocer las circunstancias de la muerte de su hermano Toni, se plantean, entre otros, los siguientes temas: el descubrimiento de los bajos mundos de la pornografía y la droga en el que los jóvenes  pueden quedar atrapados; la soledad que lleva a Igor a tomar la decisión del suicidio, debido a su falta de coraje y a la escasa comunicación que mantiene con sus padres; el tránsito a la madurez, etc…

La concepción de la novela como estructura dialogada hace que conozcamos a los personajes por aquello que dicen: no hay mucha narración, y los personajes actúan y dialogan, expresan lo sienten y lo que piensan. Así conocemos a los dos principales: Martina es una joven alegre, con mucha determinación, quien se acusa de ser algo precipitada cuando debiera reflexionar más sus actuaciones, pero, como ella dice, se deja llevar por la intuición. Desde un pueblo de Santander ha llegado a Madrid para estudiar en un instituto e incorporarse a la Universidad. Mientras tanto, vive con su tía Carmen, frecuenta la casa que dejó su hermano Toni y entrena para las competiciones de atletismo. Está empeñada en conocer quién fue realmente su hermano, pues sospecha que su muerte fue algo extraña. Posee un magnetismo y cierta gracia natural. Igor es un joven que vive en su mundo de soledad, ajeno por completo a la convivencia natural entre padres e hijos, sale con Lola, una joven que conoce desde la infancia hacia quien la rutina parece haberle llevado, es algo depresivo y le cuesta exteriorizar sus sentimientos. Posee un rico mundo interior, le gusta la música, y aunque recae en ocasiones, siente que al lado de Martina vale la pena luchar.

La novela de Alfredo Gómez Cerdá está narrada mayormente en 3ª persona; se advierte un claro predominio de la parte dialogada sobre el plano narrativo, que lo utiliza el autor para mostrarnos en un estilo indirecto libre las impresiones que sienten los personajes.

Un pueblo que huele a galletas, y que nos trae a un clásico de la literatura juvenil.

PREMIO CERVANTES CHICO 2008