viernes, 8 de febrero de 2019

ONDINA O LA IRA DEL FUEGO



Un teatro en llamas celebrando las nupcias del fuego y el agua. Una representación convertida en una hoguera en mitad de la noche, clausurando las funciones de Ondina, la primera ópera del Romanticismo alemán, compuesta por el escritor E. T. A. Hoffmann, amante de los cuentos de terror y bebedor inveterado, basándose en la historia de Friedrich de la Motte Fouqué. Un ágape tras las llamas en el que también se desata un incendio, un banquete báquico donde las narraciones fluyen tan deprisa como el vino y el deseo. Un enigma que se desliza por el cuerpo y el alma de los asistentes: ¿quién ha quemado el recinto y desea el cese del espectáculo? ¿Es la envidia una pasión cuyo poder supera todas las creaciones del arte?

En esta poderosa e imaginativa novela, Irene Gracia, en homenaje a los 200 años de la obra, da voz a Johanna Eunicke, la cantante que interpretó a Ondina, a la par que recrea las fantásticas tertulias organizadas por Hoffmann, origen de los nuevos géneros que convertirían el Romanticismo en un movimiento liberador, capaz de desplegar ante los hombres todos los misterios de la naturaleza y la nocturnidad.

                Primero asistimos a los preparativos, ensayos y primeras representaciones de la opera, donde vemos como los personajes se van apoderando de los actores y cantantes y florecen la envidia, la rivalidad y los celos entre ellos.

La misma noche del incendio, Eunicke y Hoffmann convocan un banquete, donde participan todos los implicados en la obra, para intentar averiguar quién ha sido el responsable. y que se desarrollará al modo de las veladas serafinas que solían celebrar en Berlín, donde los contertulios conversaban sobre arte y filosofía y también relataban cuentos fantásticos que eran sometidos al juicio de los demás. Tras la cena, los comensales comienzan a contar esos cuentos de misterio y fantasía propios del Romanticismo: una joven y su muñeca intercambian almas y cuerpos; un piano negro que hace que sus interpretes alcancen la genialidad; cómo nacen los ángeles… o Clarisa, reina de Sirgén, relato que inicia el propio Hoffmann, y los demás deberán continuar a modo de un cadáver exquisito. Esta es la mejor parte del libro.

                Nos encontramos con un libro que nos atrapa, que nos enreda, pues de una historia pasamos a otros relatos que nos envuelven con sus peculiares misterios y secretos, cuidando en ellos el estilo y la temática del Romanticismo; con ellos nos desentendemos de la causa de esa cena: ¿quién ha provocado el incendio? No nos importa, sólo queremos más cuentos.

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