domingo, 22 de mayo de 2016

EL BUSCÓN


Yo, señora, soy de Segovia; mi padre se llamó Clemente Pablo, (…) él era tundidor de mejillas y sastre de barbas, (…) y robaba a todos. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, (…) Unos la llamaban zurcidora de gustos; otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes, y por mal nombre alcagüeta. Para unos era tercera, primera para otros, y flux para los dineros de todos.

Con estas palabras comienza el Buscón, la novela picaresca de Quevedo, que el pasado jueves pudimos ver aquí con alumnos de 3º ESO y Bachillerato, en el Gran Teatro, gracias a la iniciativa del Ayuntamiento de Villarrobledo (esperamos que se repita con más espectáculos teatrales).

La adaptación teatral de Juanma Cifuentes es un relato de la peripecia vital de Pablos, desde su infancia a la proyectada fuga a Indias con que termina la obra. Entre estos dos polos se sitúa una serie de aventuras, casi siempre catastróficas para el personaje, que fracasa en su búsqueda de estabilidad económica y social, y cuyos fingimientos de nobleza son desenmascarados sin cesar.

Desde su temprana infancia, hijo de ladrón y hechicera, Pablos solo conoce la humillación: el hambre y las penalidades en el pupilaje del Dómine Cabra, y las burlas en la Universidad de Alcalá, donde Pablos aprende navegar en el mundo inmisericorde que le rodea, y se inicia en los menesteres de la picardía estudiantil. Luego, la reunión con su tío verdugo, que le guarda la herencia paterna y le narra al pícaro la ignominiosa muerte del padre. Posteriormente, se introduce en la vida buscona de la corte, y una vez, arrojado del universo de la nobleza que intentaba escalar fraudulentamente, se hace cómico (otro oficio infame de pésima consideración social) y termina este tramo de su vida con el asesinato de unos corchetes en un grupo de rufianes, y el proyecto de huir a las Indias para intentar un cambio de vida que se anuncia igualmente improbable.

En el escenario un solo actor, Antonio Campos, quien encarna el personaje desde su niñez y lo hace evolucionar hasta que se convierte en hombre. Nadie más. El solo, cambiando de voces, registros y añadiendo algún detalle a su vestuario, interpreta a los distintos personajes de la novela. El texto, en su parte final, se arropa con algunos de los versos más famosos:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado. (…)

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado. (…)

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
Poco antes, nada; y poco después, humo!
Y destino ambiciones, y presumo
apenas punto al cerco que me cierra! (…)

Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

                Os dejo con unas escenas de la representación: