jueves, 14 de diciembre de 2017

UNA INVITACIÓN PARA NAVIDAD


-Lamento enormemente... -empezó Hércules Poirot.
Le interrumpieron. No con brusquedad sino suave y hábilmente, con ánimo de persuadirle. Por favor, monsieur Poirot, no se niegue usted sin considerarlo antes. El asunto tendría consecuencias graves para la nación. Su colaboración sería muy apreciada en las altas esferas.
-Es usted muy amable -Hércules Poirot agitó una mano en el aire-. Pero, de verdad, me es imposible comprometerme a hacer lo que me pide. En esta época del año...
El señor Jesmond volvió a interrumpirle con su suave tono de voz.
-Navidad... -dijo-. Unas Navidades a la antigua usanza en el campo inglés.
Poirot se estremeció. La idea del campo inglés en aquella época del año no le atraía.
-¡Unas auténticas Navidades a la antigua usanza! -recalcó el señor Jesmond.
-Yo... no soy inglés. En mi país la Navidad es una fiesta para los niños. Año Nuevo; eso es lo que nosotros celebramos.
-¡Ah! Pero la Navidad de Inglaterra es una gran institución y yo le aseguro que en ningún sitio podría verla mejor que en Kings Lacey. Le advierto que es una casa maravillosa, muy antigua. Una de las alas data del siglo XIV...
Poirot se estremeció de nuevo. La idea de una casa solariega inglesa del siglo XIV le daba escalofríos. Lo había pasado muy mal en Inglaterra en las históricas casas solariegas. Pasó la mirada con aprobación por su piso moderno y confortable, provisto de radiadores y de los últimos inventos destinados a evitar la menor corriente de aire.
-En invierno -dijo con firmeza- no salgo nunca de Londres (...)
El señor Jesmond empezó a hablar de nuevo de la Navidad inglesa.
-La celebración de la Navidad, como se entendía en otros tiempos, está ya desapareciendo. Hoy en día la gente se va a pasarla a los hoteles. Pero una Navidad inglesa a la antigua usanza, con toda la familia reunida, las medias de los regalos de los niños, el árbol de Navidad, el pavo y el pudding de ciruelas, los crakers. El muñeco de nieve junto a la ventana...
Hércules Poirot quiso ser exacto e intervino.
-Para hacer un muñeco de nieve -observó con severidad- hace falta nieve. Y no puede uno tener nieve de encargo, ni siquiera para una Navidad a la inglesa.
-He estado hablando hoy precisamente con un amigo mío del observatorio meteorológico -dijo el señor Jesmond- y me ha dicho que es muy probable que nieve estas Navidades.
No debió haber dicho semejante cosa. Hércules Poirot se estremeció con mayor violencia.
-¡Nieve en el campo! -dijo-. Eso sería aún más abominable. Una casa solariega de piedra, grande y fría.
-Nada de eso. Las casas han cambiado mucho en los últimos diez años. Tienen calefacción central de petróleo.
-¿De veras hay calefacción central de petróleo en Kings Lacey? -por vez primera, parecía vacilar.
El otro se apresuró a aprovechar la oportunidad.
-Claro que la tienen -dijo-, y también agua caliente. Hay radiadores en todas las habitaciones. Le aseguro a usted, querido monsieur Poirot, que Kings Lacey en invierno es en extremo confortable. Puede que hasta le parezca que en la casa hace demasiado calor.
-Eso es muy improbable.
Con la habilidad de la práctica, el señor Jesmond cambió de tema.

Agatha Christie, El Pudding de Navidad