lunes, 14 de diciembre de 2015

UNA VISITA DE SAN NICOLÁS


Este poema fue publicado  anónimamente por primera vez el 23 de diciembre de 1823. Es responsable de la imagen que se tiene de Papá Noel (o san Nicolás o Santa Claus) desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. En él se describe su aspecto físico, su vestido rojo, la noche de su visita, el  trineo que utiliza, el número y nombre de los renos y el dejar los regalos en las medias o calctines.
Era la noche de Navidad, un poco antes de las doce,
A la hora en que todo está en calma, hasta los ratones.
Habíamos colgado nuestras medias en la chimenea,
Para que San Nicolás las encontrara cuando llegara.
Acurrucados y abrigados bajo las sábanas,
Los niños, juiciosos, estaban durmiéndose.
Mi mamá y yo, con nuestra ropa de dormir,
Acabábamos de apagar la vela,
Cuando afuera, un ruido de campana,
Me hizo salir rápidamente de la cama.
Fugaz como una flecha hacia la ventana,
Escruté la inmensidad del cielo estrellado.
Sobre la nieve, la luna brillante,
Iluminaba la noche como si fuese el día.
Abrí mis ojos, y aparecieron a lo lejos
Un trineo y ocho renos no más grandes que una mano,
Dirigidos por un pequeño y alegre personaje:
Era San Nicolás, yo lo sabía.
Sus corceles volaban como si tuvieran alas.
Y les cantaba, con el fin de animarlos:
« ¡Vamos, Tornado! ¡Vamos, Bailarín! ¡Vamos, Furia y Vestido!
¡En Cometa y Cupido! ¡Vamos Relámpago y Trueno!
¡Directo a ese porche, hacia ese muro!
¡Vamos, vamos, mis amigos! ¡Al triple galope!”.
Similares a las hojas muertas, llevadas por el viento,
Que suben hacia el cielo para superar los obstáculos,
Los renos volaron hasta  mi cabeza,
Con el trineo, los juguetes y San Nicolás.
Poco después oí sobre el techo resonar algo,
El pisoteo fogoso de sus pequeños zuecos,
La ventana estaba cerrada, y me volteé
En el preciso momento en que San Nicolás salía de la chimenea.
Su abrigo de piel, sus botas y su gorro
Estaban un poco sucios por la ceniza y el hollín.
Sobre su hombro, un saco lleno de juguetes
Le daba la apariencia de un extraño vendedor.
Tenía los cachetes rosados, unos hoyuelos encantadores,
Una nariz como una cereza y unos ojos brillantes.
Una boca pequeña que sonreía todo el tiempo,
Y una barba larga de un blanco muy puro.
De su pipa iluminada y atrancada entre sus dientes,
Subían en torbellino volutas de humo.
Tenía el rostro alegre, y su vientre redondo
Saltaba cuando reía, como un pequeño balón.
Era tan regordete, tan cachetón, este travieso duende,
Que no pude aguantar la risa, ni tapándome con la mano.
Pero con un guiño de ojo y una señal de la cabeza,
Me hizo comprender que yo no corría ningún peligro.
Luego sin decir una palabra, pues él tenía afán,
Se apresuró a llenar las medias, hasta el fondo,
Y se despidió poniéndose el dedo en la punta de la nariz,
Antes de desaparecer en la chimenea.
Oí el silbido de su tripulación,
Juntos se fueron como una pluma en el viento.
Antes de desaparecer, San Nicolás gritó:
“Feliz Navidad y feliz Noche Buena para todos”

Clement C. Moore