lunes, 7 de diciembre de 2015

EL MANUSCRITO


que estás a punto de leer llegó a mis manos de la siguiente forma.

La tarde del diecisiete de febrero de 1976, el timbre de nuestra puerta sonó y mi mujer fue a ver quién era. Un rato después, volvió al dormitorio donde estábamos viendo la televisión y dijo que una mujer quería verme. Me levanté y marché hacia el recibidor. La puerta estaba abierta. Una mujer alta, que rondaba los cincuenta, me esperaba en el porche. Vestía bien y sostenía entre sus manos un sobre grande y abultado.

— ¿Es usted Robert Nielsen? -me preguntó. Le dije que sí y ella me alargó el sobre. — Entonces esto es para usted. Lo miré con suspicacia y le pregunté qué era aquello. — Un mensaje de su hermano -replicó.

Mis sospechas fueron en aumento.

— ¿A qué se refiere? -inquirí.

— Su hermano Chris me ha dictado este manuscrito -respondió.

Sus palabras no consiguieron más que enfadarme.

— No sé quién es usted -le aseguré-, pero si supiera de verdad algo de mi hermano, no desconocería que murió hace ya más de un año.

La mujer suspiró.

— Ya lo sé, señor Nielsen -rebatió, con cierto tono de cansancio-. Soy una médium. Su hermano me ha dictado este material de< Se paró cuando empecé a cerrar la puerta, y entonces fue cuando rogó. — Señor Nielsen, por favor. — Hubo un matiz de apremio tan imperante en su voz que la miré, sorprendido. — He pasado seis meses trascribiendo este manuscrito -me aseguró-. No fue idea mía. Tengo cosas que hacer, pero su hermano no pensaba dejarme en paz hasta que escribiera la última palabra de este documento y prometiera entregárselo. — Su voz adquirió un tono desesperado-. Ahora solo queda que usted lo acepte, y así podré descansar tranquila.

Con esas palabras, depositó el sobre en mis manos, se giró y descendió con rapidez por el camino que conducía hasta la acera. Luego se subió a su coche y se alejó sin perder un segundo. Nunca la he vuelto a ver ni saber de ella. Ni siquiera sé su nombre.

He leído tres veces el manuscrito, y me encantaría saber qué hacer con él.

No soy un hombre religioso, pero, como todo el mundo, me siento inclinado a creer que la muerte no se reduce al olvido sin más. Aun así, encuentro complicado, si no imposible, aceptar toda esta historia.

Todavía sigo pensando en ella en esos términos: como una historia. Lo cierto es que los hechos están ahí. Datos sobre mi hermano y mi familia que esa mujer no podría conocer, a menos que hubiera pasado muchos meses de laboriosa y onerosa investigación antes de redactar el manuscrito. En cuyo caso, ¿cuál sería su objetivo? ¿Qué ganaría con algo así?

Las preguntas que se formulan en mi mente no son pocas. No las enumeraré aquí, pues prefiero que el lector se forme las suyas. De una cosa sí estoy convencido. Si el manuscrito es cierto, es mejor que todos nos replanteemos nuestras vidas. Y que lo hagamos cuanto antes.

Richard Matheson, Más allá de los Sueños