jueves, 19 de febrero de 2015

LA COCINA DE LOS MONSTRUOS

Aprovechando que esta semana es Carnaval y a sugerencia de un par de alumnos.

Antes de convertirme en zombi, yo ya detestaba a los vivos. Siempre se quejaban de mis platos. Que si la verdura está dura, que si hay un trozo de cáscara de huevo en la tortilla, que si la sopa está llena de pelos… Más de una vez los alumnos del colegio lloraban porque no querían acabarse la comida. Y tampoco estaba tan mala. Mi rata Estiércol siempre nadaba en la sopa para probarla y ella nunca se quejó.

Al comienzo de la serie, Bermúdez detesta la limpieza, el compañerismo y, sobre todo, a los niños. Por eso, como encargado de la cocina del colegio se ha ganado la enemistad de todos. Pero por culpa de una sopa en mal estado, ha llenado la ciudad de muertos vivientes y de paso él mismo se ha convertido en un zombi. En vez de lamentarse por su nueva situación o dedicarse a devorar humanos, Bermúdez aprovechará que el mundo está poblado de nuevos clientes podridos para dar rienda suelta a sus recetas más asquerosas.Con la ayuda de su desagradable rata Estiércol y de Pablo y Natalia, el zombi Bermúdez pasará, a traves de doce libros, de ser un simple cocinero de colegio a un chef reconocido internacionalmente, pues va a cocinar los platos más originales del mundo. ¿Sus ingredientes? Los monstruos más espeluznantes. ¿Sus ayudantes de cocina? Su desagradable rata Estiércol, un niño empollón y una niña gimnasta.

Veamos a los protagonistas: Bermúdez, el Chef Zombi, que, en el fondo, es un pedazo de pan. Pero tan en el fondo que ni se le nota. Detesta todo lo que la gente normal aprecia, pero su pasión por la cocina innovadora, sus ganas de aventura y el cariño con el que cuida de los niños que le acompañan conseguirán que riamos y nos emocionemos con sus sueños y sus memorias. Estiércol, la rata malvada, maléfica, egoísta y sin muchos escrúpulos, es la mascota ideal para un chef tan repugnante como Bermúdez. Pequeña pero matona, con sus habilidades ninja y su carácter atrevido, es capaz de enfrentarse a cualquier peligro sin pestañear. Pablo, el niño solitario, es todo miedos: teme morir, teme no encontrar amigos, teme equivocarse cuando lo saquen a la pizarra, teme que le roben el bocadillo en el patio, y sobre todo teme que Natalia, la guapa de clase, nunca se fije en él. Por eso se escuda en su actitud sabelotodo. Vamos, ¡que es el empollón de la clase! Pero su vida cambiará para siempre cuando el Chef Zombi le enseñe a perder el miedo. Natalia, la niña gimnasta: rubia, lista y aplicada, es la niña perfecta, la empollona de clase que encima compite en campeonatos de gimnasia. Cuando el Chef Zombi la integre en su equipo de cocineros aventureros (más que nada, para echarle un cable a Pablo), Natalia aplicará sus secretos gimnásticos para superar peligros inauditos.


                La serie, escita por Joan Antoni Martín Piñol e ilustrada por Votric, consta de doce libros con titulos tan sugerentes y apetitosos como Macarrones con Zombi, Tallarines de Momia, Frankfurt de Frankenstein, Ensalada de Troll…  Cada volumen, aparte de su historia, nos ofrece una receta “apestosa“, actividades “monstruosas”, chistes, etc… El propio chef nos recomienda las siguientes instrucciones de uso con sus libros: mantén mis libros fuera del alcance de los adultos (o intentarán convencerte de que los zombis no existen; ¡que me lo digan a mí!); no leas mis zombiescas historias antes de acostarte si no quieres que me meta en tus sueños (aunque podría ser divertido, ¿verdad?); ten siempre a mano algo rico para hincarle el diente: las aventuras de un chef de alto nivel, como yo, suelen favorecer los ataques de hambre (especialmente de patatas fritas, palomitas o helados);  en caso de rotura o pérdida, no entres en pánico: acércate a la librería más cercana y pide un ejemplar de la mejor colección zombiesca del planeta; ¡te venderán tantos como quieras!

                Os dejo con una de sus recetas y una actividad de las diferentes que propone:

TALLARINES DE MOMIA

¡Otra receta asquerosamente divertida! Tallarines de momia (que los humanos denominan Tallarines al pesto).

Ingredientes: Tallarines (80 gramos por persona, si tienen una hambre normal). Un bote de salsa pesto. Un poquito de sal

¿Cómo prepararlo? Busca cualquier olla o cazo que tengas en casa. Llena el recipiente con agua, más o menos hasta la mitad. Tírale una cucharada de sal al agua y después pon a calentar la olla. (En el fuego, en vitrocerámica o inducción, y siempre bajo la supervisión de un adulto. Nunca la pongas en el horno o en el microondas, porque eso querría decir que estás algo turulato.) Cuando el agua hierva (o sea, que veas que hace burbujas), echa con cuidado los tallarines. Espera 7 minutos, prueba uno con la cuchara (¡pero no te quemes la lengua, que duele!), y si lo encuentras bueno, apaga el fuego y echa los tallarines en un colador (porque el agua caliente ahora ya no la queremos para nada). Pon los tallarines en un recipiente y mézclalos con la salsa pesto. Ahora, sirve los tallarines en varios platos, porque comer todos directamente de la misma olla es una guarrada.

CONFECCIONA TU PROPIO DISFRAZ DE ZOMBI

Es normal que después de leer mis aventuras sientas muchos deseos de convertirte en zombi. Pero seguro que tus padres no te dejan hasta que hayas terminado la universidad. Para que puedas ir de monstruo sin que se enfaden, te daré algunos trucos para monstruficarte.

Un buen zombi siempre viste ropa asquerosa. Y no me refiero a unos calzoncillos usados durante dos días. Lo mejor es que busques ropa vieja en tu armario o se la pidas a tus hermanos, primos o al perro. Con unas tijeras, recorta pedazos de la ropa vieja para que quede más rota y penosa.

Si aún vas demasiado elegante, mancha tu ropa con mercromina para que parezca que eres un zombi muy peligroso y asqueroso.

Después, pídele a un adulto que te compre maquillaje de colores raros, como verde, amarillo o azul. Con su ayuda, ensúciate la cara y las manos para parecer un muerto viviente.

Mójate el pelo con agua y despéinate a lo bestia.

Ahora que ya tienes el uniforme de zombi, sólo falta ensayar la actuación: camina gruñendo con los brazos hacia delante y arrastrando una pierna.


¡Felicidades! Ya te has convertido en un falso zombi con una pinta muy asquerosa.  Disfruta asustando a los vecinos y hazte fotos de recuerdo, porque nunca estarás más guap@.