martes, 10 de febrero de 2015

CARTA A LOS CHICOS ENAMORADOS

Chicos:

Cada vez que aseguro que ustedes se enamoran tal como los "grandes", me sucede más o menos lo siguiente:

Algunos "grandes" se ríen y me miran como si me estuvieran brotando margaritas por las orejas...

Otros se sonríen y me dicen: —¡Qué disparate! ¡Los niños sólo piensan en jugar!

Otros bostezan, ponen la mitad de sus ojos en blanco y cambian de tema. (Parece que éstos no conocieron el amor y por eso no les interesa...)

Y otros (¡por suerte, muy poquitos!) fruncen el ceño y casi se enojan conmigo: —¡Tienen que tomar mucha sopa todavía! ¡El amor no es cosa de niños! ¡A dónde iremos a parar los de antes! Cuando nosotros teníamos su edad...

En fin, que prefiero a los primeros de esta serie. A ésos hoy les regalo una margarita de las que crecen en mis orejas y también los invito a leer este libro, porque estoy segura de que —tal como ustedes y yo— ellos saben que es cierto lo que afirmo, aunque como vivieron su infancia hace mucho tiempo acaso se les haya perdido en el baúl de los ayeres y les cueste recordar cómo sentían entonces.

¿Les refresco la memoria?

A la una... y cierro los ojos.
A las dos... y veo una plaza.
A las tres... y aparece una nena rubia que me dice...

Yo estoy enamorada... Y casi todos mis amiguitos también. Claro que a veces sólo lo sabemos nosotros... ¡Ni siquiera nuestro novio o novia se entera! Es que no nos animamos a decírselo. O no se nos ocurre cómo... Por eso, el deseo de mirarnos se transforma a menudo en un furtivo reojo; una caricia vergonzosa en un intercambio de figuritas; un beso no dado en un tirón de pelo... Pero nos enamoramos. Queremos de veras. Intensamente. Y somos felices cuando nos quieren del mismo modo: ¡Estamos de novios! Y sufrimos como condenados cuando no nos vemos, cuando nos peleamos, cuando el amor se vuela de repente tras otras mariposas o "panaderos"... Porque de pronto nuestros sentimientos pueden cambiar con los días. Y cambian entonces los novios. Pero... ¡cuántas horas para querer tiene una semana! ¡Cuánto tiempo todo un verano!

"Adiós,
corazón de arroz,
el año que viene
me caso con vos..."

Abro los ojos: la nena rubia ya se fue. Pero llegaron ustedes, chicos, que ahora tienen más o menos su edad y que —como ella— están enamorados.

Y para ustedes soñé, imaginé, quise y escribí este libro, donde van a encontrar poemas que cantan o lloran las distintas sensaciones que produce el amor-niño, agrupados para que fácilmente puedan elegir uno, según tengan ganas de declararse, enojarse, amigarse... (Vean el índice). Porque aunque muchísimos poetas escribieron y escriben bellas composiciones amorosas que casi todos los amantes del mundo copian para regalar a su amor, faltaban los creados especialmente para los chicos, inspirados en sus emociones, en sus actitudes, en sus juegos y palabritas. Aquí están.

Por eso, si algún día un lectorcito enamorado copia cualquiera de estos poemas en las últimas páginas del cuaderno borrador (ésas que tantas veces se arrancan para hacer un avioncito o una grulla) me hará feliz saber que luego voló hacia otro banco de la escuela...

Me hará feliz saberlo porque recién entonces voy a comprobar si este libro que escribí "para" ustedes, es "de" ustedes, como se intentó.

Y ahora me despido.

¿Eh? ¿Que si yo me enamoré cuando era chica?

Ah, como presentía que —con todo derecho— podían hacerme esa pregunta, incluí al final de este volumen el cuento de mi primer amor.

Pero... ¿quién de ustedes me cuenta el suyo?

Si alguien se decide, puede escribirme una carta. Prometo guardarles el secreto. (Hasta puedo jurárselos, porque en mi casa... ¡hay pan duro!). Un abrazo y hasta pronto.


Elsa Bornemann, El Libro de los Chicos Enamorados