lunes, 29 de junio de 2015

INSTITUTO DE ZORRAS

Enviado por Tania, S3C:

Cansadas de que sus hijas sean expulsadas de los institutos y de que sean tan rebeldes, las madres de Cam y Sam, dos muchachas de 17 años, deciden llevarlas a Londres, al único instituto del que no podrán ser echadas, el instituto "Internship Ladies", donde les enseñarán a ser unas damas, que terminarán unos estudios universitarios, se casarán con un hombre con clase y tendrán hijos. Es eso o el servicio militar

Ellas decidirán hacer un escuadrón. ¿Quedaran algunas sobrevivientes? ¿O están todas condenadas a convertirse en fresitas? 

O lo peor de todo...     ¿Ellas se convertirán en unas verdaderas damas?     Esperemos que no...
            
       Instituto de Zorras es una delirante novela juvenil, con referencias a la cultura de los jovenes de hoy (Avatar, Harry Potter, etc…), de la pareja de escritoras Ro y Ona, que se ocultan bajo el seudonimo Flowers In The Paradise, que sólo podras encontrar en Wattpad, una comunidad virtual para lectores y escritores.

                Es el tipo de libros que me gusta, donde se entremezclan amor y humor (las bromas que gasta Cam), y también encontramos traiciones, desengaños, las relaciones entre jovenes... Es entretenido, y se te pasa muy rápido el tiempo leyéndolo. Mirad este fragmento del primer capítulo:

- ¡Muérete!
- ¡Muérete tú! ¡Avada kedavra!
- ......
- ¿Cam?
- ......
- ¡OH, POR DIOS, TE HE MATADO! Eso quiere decir que soy bruja...
- ......

-¿MAMÁ, POR QUÉ HAS ESCONDIDO MI CARTA DE HOGWARTS TODOS ESTOS AÑOS?

UNA CONFESIÓN

En mi vida me han llamado de muchas maneras: hermana, amante, sacerdotisa, hechicera, reina. Ahora, ciertamente, soy hechicera, y acaso haya llegado el momento de que estas cosas se conozcan. Pero, a decir verdad, creo que serán los cristianos quienes digan la última palabra, pues el mundo de las hadas se aleja sin pausa del mundo en el que impera Cristo. No tengo nada contra Él, sino contra sus sacerdotes, que ven un demonio en la Gran Diosa y niegan que alguna vez tuviera poder en este mundo. A lo sumo, dicen que su poder procede de Satanás. O bien la visten con la túnica azul de la señora de Nazaret (que también, a su modo, tenía poder) y dicen que siempre fue virgen. Pero ¿qué puede saber una virgen de los pesares y tribulaciones de la humanidad?

Y ahora que el mundo ha cambiado, ahora que Arturo (mi hermano, mi amante, el rey que fue y el rey que será) yace muerto (dormido, dice la gente) en la sagrada isla de Avalón, es necesa rio contar la historia tal como era antes de que llegaran los sacerdotes del Cristo Blanco y lo ocultaran todo con sus santos y sus leyendas.

Pues, como digo, el mundo ha cambiado. Hubo un tiempo en que un viajero, si tenía voluntad, conocía algunos secretos, podía adentrarse con su barca por el mar del Estío y llegar, no al Glastonbury de los monjes, sino a la sagrada isla de Avalón, pues en aquellos tiempos las puertas entre los mundos se difuminaban entre las brumas y estaban abiertas, según el viajero pensara y deseara. Y éste es el gran secreto, que era conocido por todos los hombres instruidos de nuestros días: el pensamiento del hombre crea un mundo nuevo a su alrededor, día a día.

Y ahora los .sacerdotes, pensando que esto atenta contra el poder de su Dios, que creó el mundo inmutable de una vez para .siempre, han cerrado esas puertas (que nunca fueron tales, sal vo en la mente de los hombres), y los senderos llevan sólo a la isla de los Sacerdotes, que ellos salvaguardan con el tañido de las campanas de sus iglesias, ahuyentando toda idea de que otro mundo se extienda en la oscuridad. E incluso dicen que ese mundo, si en verdad existe, es propiedad de Satanás y la entrada del Infierno, si no el Infierno mismo.

No sé qué puede o no puede haber creado su Dios. Pese a las leyendas que se cuentan, nunca supe mucho de sus sacerdotes ni vestí el negro de sus monjas esclavizadas. Si los cortesa nos de Arturo, en Camelot, quisieron verme de ese modo (puesto que siempre usé la túnica oscura de la Gran Madre en su función de hechicera), no los saqué de su error. En verdad, hacia el final del reinado de Arturo, hacerlo habría sido peligroso, y yo inclinaba la cabeza ante la conveniencia, algo que no habría hecho nunca mi gran maestra: Viviana, la Dama del Lago, en otros tiempos la mejor amiga de Arturo, exceptuándome a mí, y más tarde su más tenebrosa enemiga... también exceptuándome a mí.

Pero la lucha ha terminado; cuando Arturo agonizaba pude tratarlo, no como a mi enemigo y el de mi Diosa, sino como a mi hermano, como a un moribundo que necesitaba el socorro de la Madre, a la que todos los hombres acaban por acudir. También los sacerdotes lo saben, pues su siempre virgen, María, vestida de azul, se convierte a la hora de la muerte en la Madre del mundo.

Así, Arturo yacía por fin con la cabeza en mi regazo, sin ver en mía la hermana, a la amante o a la enemiga, sino sólo a la hechicera, la sacerdotisa, la Dama del Lago. Y así descansaba en el seno de la Gran Madre, del que salió al nacer y al que tenía que volver al final, como todos los hombres. Y mientras yo conducía la barca que lo llevaba, no va a la isla de los Sacerdotes, sino a la verdadera isla Sagrada que está en el mundo de las tinieblas, más allá del nuestro, tal vez se arrepintió de la enemistad que se había interpuesto entre nosotros.

En esta narración hablaré de sucesos acontecidos cuando yo era demasiado niña para comprenderlos, y de otros que sucedieron cuando yo no estaba presente. Y tal vez mi oyente se distraerá pensando: «He aquí su magia. » Pero siempre he tenido el don de la videncia y el de ver dentro de la mente humana, v en todo este tiempo he estado cerca de hombres v mujeres. Por eso a veces sabía, de un modo u otro, todo lo que pensaban. Y así contaré esta leyenda.

Pues un día los sacerdotes también la contarán, tal como la conocieron. Quizás, entre una y otra versión, se pueda ver algún destello de la verdad.

Porque esto es lo que los sacerdotes no saben, con su único Dios y su única Verdad: que no hay leyenda veraz. La verdad tiene muchos rostros. Es como el antiguo camino hacia Avalón: de la voluntad de cada cual y de sus pensamientos depende el rumbo que tome y que al final se encuentre en la sagrada isla de la Eternidad o entre los sacerdotes, con sus campanas, su muerte, su Satanás, el infierno y la condenación... Pero tal vez soy injusta con ellos. Incluso la Dama del Lago, que detestaba las vestiduras sacerdotales tanto como a las serpientes venenosas (y con sobrados motivos), me censuró cierta vez por hablar mal de su Dios.

«Porque todos los dioses son un solo Dios -me dijo, como había dicho muchas otras veces, como yo he repetido a mis novicias, como lo dirán todas las sacerdotisas que me sucedan-, y todas las diosas son una sola Diosa, y sólo hay un Iniciador. A cada hombre su verdad y el Dios que hay en su interior.» Así, tal vez, la verdad flote entre el camino de Glastonbury, isla de los Sacerdotes, y el camino de Avalón, para siempre perdido en las brumas del mar del Estío.

Pero ésta es mi verdad; yo, Morgana, os la cuento. Morgana, la que en épocas más actuales se llamó Hada Morgana.

Marion Zimmer Bradley, Las Nieblas de Avalón

viernes, 26 de junio de 2015

FIN DE CURSO


             Hemos entregado las últimas notas. Nos hemos entrevistado con los padres.

            Y esta tarde noche hemos despedido-homenajeado a mis alumnos de cuarto de Eso. Tenía que hablaros a vosotros y a vuestros padres, pero, como os he dicho, prefería recordar cómo os he visto crecer y madurar a lo largo de estos cuatro años.

            Pero ahora tengo que recordar las palabras que me habéis dedicado durante el acto; la verdad, me habéis emocionado, tanto que luego no podía leer lo que tenía escrito, y tenía que hacer trabajar a mi memoria e improvisar.

            Gracias a vosotros, chicos. Gracias a Nuria, Ángela, Pablo, Paqui, Mª Jose, Joseda, Irene, Cari, David, Paolo, Rodolfo, Franja, Juan Alfonso, Andrea, Lina, Javi, Elena, Adrián, Amando y Katy. Gracias.

            Esta noche es vuestra, os la habéis ganado, pero antes que comience vuestra juerga, me gustaría dedicaros un par de brindis

            Hasta el curso que viene.


BRINDIS
GERARDO DIEGO


Debiera ahora decir: “Amigos,
muchas gracias”; y sentarme, pero sin ripios.
permitid que os lo diga en tono lírico;
en verso, sí; pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo y frío.
Y les hablaré de versos y hemistiquios,
y de Dante y de Shakespeare y de Moratín hijo,
y de pluscuamperfectos y participios.
Y el uno bostezará, y el otro me hará un guiño,
y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y pasarán así muchos cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y ahora, yo os digo:
amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo;
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo
y por que siga su camino
intacto y limpio.
Porque éste, mi discípulo
que inmortalizará mi nombre y mi apellido
sea el hijo…
el hijo de uno de vosotros, amigos.

Y os dejo con dos versiones del Brindis de la Traviata



miércoles, 24 de junio de 2015

LA MONEDA DE PLATA

                El horror, como todas las sensaciones no contaminadas por el discernimiento, desafía la disciplina del lenguaje. Y así, por más que el primer recuerdo que conservo esté grabado en mi mente con la nitidez de las líneas sobre la palma de mi mano, sólo me es dado evocarlo como una sucesión de impresiones momentáneas: el relincho lejano de un caballo, la mano cercenada que todavía aferraba una cimitarra, el hedor de un charco de sangre hirviendo bajo el sol del mediodía, el sabor del hierro en mi garganta.

                Mi primer recuerdo es de un campo de batalla. Mi nombre no importa, o aún no importa.

                Cuando abrí los ojos me encontré sepultado bajo una pila de cadáveres, y durante un instante de pavor me pensé uno de ellos. A mi alrededor, los cirujanos abreviaban con sus dagas la agonía de los moribundos. Le supliqué a mi cuerpo, esa doliente llaga que tan sólo codiciaba la muerte fulminante del cuchillo, que reptara hacia el río. Apagué mi sed y reparé en mi reflejo sobre la corriente. Una magia extraña hizo que las aguas discurrieran río arriba y mostraran imágenes pretéritas: un grupo de ménades danzando con serpientes enroscadas en torno a sus brazos, un niño que oraba ante la figura de un leopardo, un muchacho abatiendo su primer jabalí y a su primer enemigo, un hombre joven que depositaba una ofrenda en un templo adornado con un friso de centauros. Después, la fuente de mi memoria se secó por completo y las imágenes dieron paso al intolerable presente y al dolor. Por último, sólo quedó el dolor.

                El miedo me mantuvo oculto tras unos arbustos hasta que el último soldado hubo cruzado el río, hasta que el último estandarte y la última lanza se perdieron en el temeroso horizonte. Me puse en pie y aguardé en silencio la acometida del recuerdo, pero el recuerdo no llegó. Detrás de mí, un sol fatigado declinaba lentamente; delante, mi sombra se proyectaba trémula hacia los indefinidos confines del paisaje. «Un hombre sin memoria que lo ancle en el tiempo —razoné— vale menos que un cadáver.» Abrumado por la desdicha de no ser, herido y desnudo, emprendí mi camino con rumbo incierto.

                Fatigué durante días la cóncava planicie, que era el mundo y era más grande que el mundo. De noche, la bóveda se poblaba de constelaciones desconocidas que contaminaban mis sueños de locura; de día, el horizonte reverberaba con espejismos: vi una deslumbrante ciudad edificada de mármol y geometría, rica en baluartes y anfiteatros y templos, en cuyo centro se alzaba desmesurada una biblioteca; vi una avenida infinita flanqueada por esfinges de piedra; vi un intrincado palacio custodiado por una bestia, que no era un toro ni era un hombre; vi un tigre en cuya piel un dios había trazado, con secretos caracteres, la sentencia mágica que por sí sola serviría para conjurar, no ya mis males, sino todos los males del mundo.

Bebí el agua inmunda de las charcas que encontré a lo largo del camino, me alimenté de la carne aborrecible de las serpientes. Un día, saciado de penurias y apariencias, me dejé caer dentro de una hendidura y supliqué a mis dioses, cuyos nombres había olvidado, que sobrevinieran breves la noche y el olvido. Allí me encontraron unos mercaderes de ojos oblicuos cuyas palabras no entendí. Uno de ellos, quien se dijo conocedor de las lenguas de occidente, me aseguró que me encontraba más allá del río Yaxartes, que riega la ilimitada estepa de los escitas. Hacia el sur, de donde yo venía, un rey bárbaro llegado de poniente libraba grandes guerras de conquista. Ellos se encaminaban hacia el este, de regreso a su país, que llamaron la tierra de Shang.

Aquellos hombres saciaron mi sed y untaron ungüento en mis heridas. Mi carne restaurada volvió a apetecer la vida. Me uní a su caravana en un viaje que llegué a pensar sin final, y que nos condujo, a través de cordilleras de nombre incierto y desiertos extenuados, hasta un país cuyos habitantes hablaban en las lenguas de los pájaros, una tierra cuya inconcebible vastedad se miraba en los cielos. Allí, obediente a un destino que presentí guerrero, vendí mi espada como mercenario.

En ésta mi historia —acaso en todas las historias de los hombres— tan sólo el principio y el final revisten importancia, ya que el resto se reduce a un brevísimo intervalo en el vacío. Baste, pues, con decir que sobreviví a muchas otras batallas y que numerosas fueron las ocasiones en que mis armas se tintaron de sangre y de victoria. El inevitable desenlace no ocurrió hasta muchos años después, cuando, tras regresar de una expedición contra el reino de Chou, recibí con mi parte del botín una bolsa llena de monedas. Entre ellas había una extraña pieza de plata, una moneda extranjera de la cual no pude apartar la vista. En su anverso vi representado a un hombre joven de rizados cabellos; dos cuernos de carnero brotaban de sus sienes. Al cabo, noté el calor de las lágrimas sobre mi rostro.

                —¿Qué te ocurre? —preguntó mi capitán—. ¿Te atormenta alguna antigua herida?

                Negué con la cabeza y le mostré mi hallazgo.

                —Contempla esta moneda —repuse con la voz empañada por el llanto—. Es un tetradracma de plata que yo mismo ordené acuñar para celebrar mi victoria sobre el Gran Rey en Gaugamela, cuando todavía era Alejandro de Macedonia y el Asia entera se estremecía al oír mi nombre.

Eloy M. Cebrián

martes, 23 de junio de 2015

NO SONRÍAS QUE ME ENAMORO

            Enviado por Andrea, S3C

               Segunda parte de la saga El Club de los Incomprendidos, de Blue Jeans

Hasta hace unos meses, Eli, Valeria, Bruno, Raúl, María y Ester formaban El Club de los Incomprendidos. Cada uno con su personalidad y su carácter, eran los mejores amigos del mundo. Se conocieron dos años atrás en el instituto, y el haber pasado por similares y dolorosas circunstancias les acercó. Pero ahora, superados sus obstaculos: celos, dudas, amores secretos, relaciones complicadas con los padres… nuevos acontecimientos han separado sus caminos. ¿Lograrán las nuevas amistades como Alba, Paloma o Marcos volverlos a unir o todo lo contrario?

Eli conoce a Alba en el hospital, y la convence para que se acerque a sus antiguos amigos y haga todo lo posible para que Valeria y Raúl corten. Al principio, le hará caso, pero luego buscaré el perdón de la pareja.

Valeria corta con Raul al enterarse que se ve a escondidas con Eli. Además Valeria intenta hablar con Eli, pero esta le ataca. Más tarde,  aparece Marcos, un locutor de radio, que conoce a Valeria y la engaña diciéndole mentiras para acostarse con ella pero ésta llega a enterarse que es un farsante, de sus mentiras y deja de hablarle.

Bruno sigue enamorado de Esther, pero al final salen con Alba. Esther se da cuenta de que siente algo más por Bruno, pero, cuando decide decirselo, Alba le confiesa sus sentimientos hacia Bruno. Esther va a casa de Bruno, le da un beso y sale corriendo

Meri es lesbiana y tras el beso que le dio a Ester ellas dejan de ser amigas y se queda sola; decide meterse en un chat de lesbianas y alli conoce a Paloma, que se convertirá en su novia.

                Me gustan mucho los libros basados en problemas adolescentes: amor, celos… Es un libro fácil y entretenido de leer; te engancha mucho, cada capítulo te deja con ganas de más y no puedes parar de leer, aunque hay capítulos en lo que no ocurre nada interesante y te aburres, pero a mí en ningú momento se me ha hecho pesado y aburrido.

                Lo recomiendo porque te hace pensar y reflexionar sobre los verdaderos valores de la vida, como tienes que luchar por lo que quieres y por lo que te gusta. Aprendes que el tiempo pone a cada persona en su lugar y que no hay que dejar que nadie te diga lo que tienes que hacer. También aprendes que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

PREMIO CERVANTES CHICO 2013

lunes, 22 de junio de 2015

ABRACADABRA

A las ocho y media de la tarde, el Gran Prince Magic se encontraba en el paseo de la Castellana, cerca del Museo Sorolla. Momentos antes; mientras viajaba en el autobús, el viejo mago había experimentado una transformación. Una especie de energía fluía ahora en su interior, una corriente, una fuerza capaz de desplazar de su cabeza los pensamientos más negativos. Tenía que demostrar al mundo quién era él, quería hacerlo, y para ello volvería a realizar magia, la verdadera magia, la que solo unos pocos privilegiados dominaban. Él no era un ilusionista, un simple tramposo que engañaba a la gente con trucos baratos. Él era mago, un auténtico mago capaz de burlar las leyes físicas y de convertir lo sobrenatural en natural. Así lo había demostrado cientos de veces en sus distintas actuaciones a lo largo de los años. Sentía que tenía que hacer algo grande, que la energía se le escapaba por la punta de los dedos.

Hizo una pequeña prueba. Metió la mano derecha en el bolsillo vacío de su chaqueta, el mismo que había alojado el cuerpo inerte de Blanquita, y cuando la sacó portaba un llamativo balón de colores que de ningún modo hubiese cabido en un espacio tan pequeño. «Toma niño, es para ti», le dijo a un chavalin que caminaba solo y que tenía toda la pinta de ser un indigente.

«¡Gracias!», exclamó el niño con una amplia sonrisa. Y el Gran Prince Magic se sintió el hombre más feliz de la Tierra.

Comenzaba a apagarse el día y el viejo mago tomó el paseo del General Martínez Campos para dirigirse a la vieja pensión donde pernoctaba, en la callé de Santa Engracia. Al pasar ante el museo que tantas veces había visitado comprobó que estaba abierto. «Horario especial: abierto ininterrumpidamente de 9:30 a 21:30 h», leyó en un cartel. Sabía que el museo cerraba a las ocho de la tarde de manera habitual, pero siempre había jornadas especiales en las que ampliaba su horario para deleite de los visitantes, que podían dedicar más tiempo a admirar las obras de su pintor favorito. No lo dudó. El acceso para mayores de sesenta y cinco años era gratuito y su reloj marcaba las nueve de la noche. Todavía podía disfrutar durante media hora de las pinturas de un genio como Sorolla, un genio como él mismo, porque al fin y al cabo lo que el artista valenciano había conseguido plasmar en los lienzos era magia. Siempre había sido uno de los pintores preferidos de su madre, junto con los impresionistas Monet y Van Gogh, y en una ocasión, cuando su brillante carrera como mago se lo permitió, compró para ella una de las más bellas obras del artista valenciano, que más tarde, a la muerte de la anciana, fue donada al Museo d' Orsay, en París.

Sorolla había sido capaz de atrapar la luz, la energía, la misma energía que en aquel momento recorría el cuerpo del Gran Prince Magic con la fuerza de un volcán. El pintor la había sabido retener en cientos de lienzos, y el viejo mago la iba a liberar solo en uno. Un solo cuadro seria el elegido para demostrar al mundo su poder. Así lo había decidido, y con esa idea martilleándole la cabeza, y una sonrisa escondida entre los labios, se adentró en el museo.

Atravesó los tres jardines de inspiración andaluza sin apenas entretenerse en su contemplación; ya los conocía demasiado. Cruzó el patio y accedió a la sala de dibujos.

Observó algunas de las acuarelas y gouaches, pero no eran aquellas obras de arte las que buscaba. El Gran Prince Magic ya tenía claro cuál sería el cuadro en el que volcaría toda su magia.

Subió a la planta principal, dividida en tres salas, que constituyeron en su día la zona de trabajo del pintor. Un grupo de visitantes, precedidos de un guía, abandonaban en ese momento la Sala 11 y era de suponer que accederían a la III, justo la que el viejo mago necesitaba vacía y sin testigos para llevar a cabo su plan. Anduvo un tanto nervioso de sala en sala contemplando la belleza de los lienzos, el brillo del mar, la luz cegadora que parecía escapar de aquellas pinturas mágicas, como si en vez de observar cuadros estuviera mirando a través de ventanas abiertas.

Se fijó en su reloj. El tiempo transcurría demasiado deprisa y él tenía álgo importante que hacer. Apenas contaba con diez minutos. La visita guiada abandonó la Sala III y el viejo mago accedió a ella con el pulso acelerado. Todavi quedaban algunos visitantes que iban por libre; pero. no fue óbice para que el Gran Prince Magic se detuviera ceremoniosamente ante aquel enorme cuadro. Toda la energía flotaba a su alrededor y un halo de luz envolvía al anciano. Podía haber sido apreciado por cualquiera que se hubiese fijado en él, pero la gente estaba demasiado absorta en la contemplación de las pinturas, y nadie reparó en un hombre vestido de negro. El personal del museo comenzó a pedir al público que desalojarán las salas; faltaban cinco minutos para la hora de cierre. El Gran Prince Magic seguía como hipnotizado ante el cuadro Paseo a orillas del mar, una de las obras del pintor valenciano más conocidas a nivel mundial. Reparó en las dos mujeres, la blancura de sus trajes, la sombrilla abierta que portaba la de la izquierda y que parecía querer arrebatarle el viento, la arena cálida bajo sus pies, las pamelas de paja con adornos florales que portaban ambas damas, la de la izquierda cubriendo su cabeza, con una gasa que volaba sobre el rostro, la de la derecha en la mano, permitiendo que el sol y la brisa del mar acariciaran la belleza de sus facciones. Era una hermosa estampa. La madre y la hija paseando junto al mar, un mar límpido y azul en un espléndido día de verano.

Un empleado del museo reiteró el aviso de que las salas fueran desalojadas, y el Gran Prince Magic, nervioso, miró de reojo a derecha e izquierda para cerciorarse de que estaba solo. Giró la cabeza con disimulo y escudriñó tras él. Los últimos visitantes habían abandonado la Sala III. Era su oportunidad; debía actuar rápido.

Colocó su mano derecha en el corazón y miró fijamente al cuadro. Primero se detuvo un instante en la contemplación de la madre, pero entonces fijó toda su atención en la joven de la derecha, la muchacha morena de la mirada perdida. Un resplandor sobrenatural envolvía al viejo mago y lo hacía levitar, ascendía lentamente hasta quedar a la altura de las dos mujeres. «Esto no lo olvidará nadie», se dijo. Del lienzo emanaba la misma luz cegadora que de su cuerpo, y ambas se fundieron en un espectáculo extraordinario. El Gran Prince Magic no escuchó el último aviso para desalojar la sala. El viejo mago en realidad no estaba allí, había alcanzado una dimensión desconocida. Separó la mano del corazón yla dirigió a la muchacha del cuadro. Potentes rayos luminosos salieron de sus dedos. Todo estaba preparado para la magia.

«Escaparás de aquí por un año, abandonarás el cuadro y el museo y entrarás en el mundo de los vivos». Después, la luz se fue tornando cada vez más potente y el mago gritó: «¡Ahora!».

Simultáneamente, en una playa de Valencia, una muchacha morena ataviada con extrañas vestimentas apareció paseando por la orilla del mar…

Maribel Romero Soler, El Último Truco de Magia

TAREAS ESCOLARES PARA VERANO


El profesor Cesare Catà, de la Escuela de Humanidades del Centro Escolar Paritario Don Bosco de Fermo (Italia), ha revolucionado el final de curso en las redes sociales tras publicar una curiosa nota personal en su muro de Facebook. En la publicación, que se ha compartido ya miles de veces, lista los deberes que ha asignado a sus alumnos para este verano. Se trata de 15 tareas muy especiales que no solo son válidas para los niños, sino que tal vez deberían ser obligatorias también para muchos adultos. Estas son las tareas veraniegas de este profesor italiano:

  1. Por la mañana, de vez en cuando, ve a caminar por la orilla del mar en total soledad. Fíjate en cómo se refleja el sol, piensa en las cosas que más amas de la vida y siéntete feliz.
  2. Trata de utilizar todas las nuevas palabras que has aprendido este año. Cuantas más cosas puedas decir, más cosas podrás pensar y, cuantas más cosas puedas pensar, más libre te sentirás.
  3. Lee tanto como puedas. Pero no porque debas. Lee porque el verano inspira aventuras y sueños, y leyendo te sentirás como una golondrina en pleno vuelo. Lee porque es la mejor forma de rebeldía que existe.
  4. Evita todas las cosas, situaciones y personas que te generen negatividad o vacío. Busca situaciones estimulantes y la compañía de amigos que te enriquezcan, te comprendan y te aprecien por lo que eres.
  5. Si te sientes triste o asustado, no te preocupes; el verano, como todas las cosas maravillosas, agita el alma. Prueba a escribir un diario para reflejar tus sentimientos.
  6. Baila. Sin vergüenza. En la calle debajo de casa o en tu habitación. El verano es un baile y sería absurdo no participar.
  7. Al menos una vez, ve a ver la salida del sol. Quédate en silencio y respira. Cierra los ojos, agradecido.
  8. Haz mucho deporte.
  9. Si encuentras a una persona que te encanta, díselo con toda la sinceridad y la gracia que puedas. No importa si lo entiende o no. Si no lo hace, no era la persona predestinada para ti; si lo hace, el verano de 2015 os ofrecerá una oportunidad de oro para caminar juntos.
  10. Revisa los apuntes de nuestras clases, hazte preguntas y relaciona cada autor y cada concepto con lo que te sucede.
  11. Sé alegre como el sol e indomable como el mar.
  12. No digas palabrotas, sé siempre educadísimo y amable.
  13. Ve películas con diálogos conmovedores, preferiblemente en inglés, para mejorar tus habilidades lingüísticas y tu capacidad de soñar. No dejes que la película se termine en los créditos, revívela en tu verano.
  14. A plena luz del día o en las noches cálidas, sueña cómo puede y debe ser tu vida. Busca en el verano la fuerza para no renunciar nunca y haz todo lo que puedas para perseguir ese sueño.
  15. Sé bueno.