miércoles, 12 de diciembre de 2018

CUANDO YO ERA UNA NIÑA


 y el mundo se quebró, pensé que mi vida se quedaría siempre rota por aquella noche en las montañas: el día anterior, el día posterior. Nada volvería a ser igual. Recuerdo ese ruido como de trueno cuando llegó el terremoto, el olor a sangre y cenizas en el aire, la sensación granulosa en mi piel debido al polvo del palacio destruido y el sabor metálico del miedo y la pérdida en la lengua. Recuerdo la sorpresa que sentí al ver salir el sol aquella mañana. Pero el sol salió, como siempre bacía, como siempre baria. Yo viví y el mundo que conocía murió.

Crecí en este mundo nuevo y pensé que nada volvería jamás a hacerme daño.

Era tan joven..., muy, muy joven.

Pero pronto aprendí que hay muchos lugares donde el dolor se puede esconder en esta vida terrenal que nos dan para vivir, fuera del reino bendito de Cahan, los Tres Cielos donde moran los Inmortales. Fui amada por aquellos que nacieron para amarme, mi madre, mis hijos, y por los que decidieron amarme, mi esposo y las hermanas de mi corazón. Los perdí o sobreviví a todos; ahora soy una anciana y a la luz de las estrellas espero a que el sol salga otra vez en un nuevo día, aguardo el momento en que salga el sol y vea el amanecer en las orillas de ese ríoque debo cruzar antes de estar de nuevo con aquellos a los que he amado.

He vivido en tres reinos imperiales. La mía fue una época de amor y fuego, de dolor, de pérdida, de alegría, de pesar, de risas, de codicia y arrogancia, de sueños y traiciones. Era el mundo de la familia, de los antepasados y del vínculo del jin shei, la hermandad de mujeres que confirmaron la sociedad en la que yo nací. Pertenecí a mi mundo y éste me pertenecía a mí; y, sin embargo, no era más que un diminuto rincón del Imperio en el que también yo desempeñé un pequeño papel.

Todas las mujeres de Syai reciben el don del juramento secreto, la promesa eterna, el vínculo que no se rompe. Compartí mi vida con una alquimista, una sabia, una guerrera, una nómada, una cabecilla de los rebeldes, un espíritu amoroso y una Emperatriz que soñaba con la inmortalidad y estuvo a punto de destruirnos a todas. Los años de la hermandad. Los años del jin-shei.

Alma Alexander, El Lenguaje Secreto del Jin-Shei

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